EDUCACIÓN Y RIQUEZA

Por Luis Ugalde

Rafael llegó a Caracas hace cincuenta años con lo puesto y un real en el bolsillo. Luego de regalar medio a un amigo que le pidió para comprar chimó, se quedó con el otro medio. Analfabeto, honrado y con piel morena, tostada por la sangre de África y el sol de Güiria. Aprendió a leer en la UCAB  mientras trabajaba de bedel, compró una casita en Santa Ana por los lados de Carapita, enfrente de la universidad y levantó su familia.  En su trabajo creció de tal modo que veinte años después era un señor bedel querido y respetado por profesores, alumnos y autoridades.

Ángel cada día salía del barro de las laderas de Catia con los únicos zapatos en la mano para no echarlos a perder. Empezó de peón en la carpintería de la UCAB en la Esquina de Jesuitas y terminó en Montalbán en la Dirección de la Secretaría General.  Alegre, inteligente, emprendedor, y bromista, proporcionó estudios superiores a su numerosa familia. En el homenaje de sus cuarenta años en la UCAB este andino lloraba de emoción al recordar de dónde venía y adónde había llegado con su trabajo responsable. La gente lo quería por lo que era y por lo que hacía. Para él el trabajo no era una carga, ni una explotación, sino  mina de talento, dignidad y orgullo, y fuente de reconocimiento y gratitud  de los demás por la calidad de su servicio.

Hoy necesitamos millones de Rafael y Ángel  con doce años de buena escuela, pero, trágicamente más de un millón de jóvenes, entre 10 y 18 años, ni estudia ni trabaja. ¡Grave pérdida para ellos y para el país! Hay otros dos millones de esa edad que, a causa de la pésima educación, van al fracaso; muchos incluso al crimen y a la cárcel. Según la Constitución todos ellos tienen derecho a estar en un centro educativo de calidad para llegar a ser exitosos como productores de ciudadanía democrática y de riqueza familiar y nacional. Riqueza que no significa ser millonario, sino persona  bien formada, con valores y  dignidad. En fin, ciudadanos con  buen trabajo productivo.

En el siglo XXI, no basta una mala escuela durante seis años, sino que se requiere una buena durante doce o trece años. Pero en Venezuela, a pesar de lo dispuesto en la Constitución,  tenemos 8 millones de talentos humanos, de un total de 13, que apenas logran ser desempleados, subempleados o empleados en trabajos precarios y mal pagados. Todavía las estadísticas los catalogan como “fuerza de trabajo”, nombre denigrante heredado de los tiempos en que solo eran valorados como fuerza bruta y no como talento humano emprendedor y creativo. En ese salto de  fuerza a talento está  la clave de la dignidad personal y de la riqueza y desarrollo de la nación. Pero nos hemos creído el cuento de que Venezuela es rica, muy rica, porque tiene mucho petróleo que hace ignorar la pérdida del talento de millones de jóvenes y niños. ¡No hay idea más atrasada y reaccionaria! El desprecio a la productividad lleva a la ruina. Nos dicen que en Venalum  y Alcasa se requieren de 28 a 30 horas/hombre para producir una tonelada de aluminio, mientras que en otros países en promedio, se emplean 8 horas/hombre por tonelada. Estas y otras empresas van al desastre gracias al “revolucionario” incremento de las nóminas, con gerentes politiqueros y populistas que no saben cómo producir.

Ya en 1814 el ilustre Juan Germán Roscio escribió en la cárcel española: “La prosperidad de un pueblo no consiste en la cantidad de oro que posee, sino en el número de talentos y de brazos que emplea con utilidad”. Contra esa frase visionaria de Roscio en El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo, dos siglos después seguimos ciegamente empeñados en  que somos ricos porque tenemos mucho oro negro. Creencia que nos impide construir un país sin pobres ni excluidos, e incapaz de construir la convivencia republicana pacífica,  y los bienes básicos necesarios para vivir dignamente.  La verdadera salida de la pobreza está en la combinación de una buena educación con abundantes inversiones y emprendimiento, que ofrezcan  oportunidades de trabajo digno a todos los venezolanos. La clave está en la transformación de cada barril que se vende  en  talento que se prende: aquel se extingue, pero su ingreso convertido en educación enciende un talento que se multiplica. Educación para el éxito en la vida y para el éxito de Venezuela entre los países desarrollados con solidaridad, justicia y libertad. 

Entre la Segunda y Quinta República

Por Antero Alvarado

Proclamación de la II República, Madrid

 

La Venezuela actual al igual que la España de los años treinta, ha coincidido en un punto en común, ambas han vivido las consecuencias de gobiernos socialistas con claro sesgo anticlerical.

No intento contar la guerra civil española ni menos la Dictadura de Francisco Franco que vino luego. Tampoco contaré que entre el 11 al 13 de Mayo de 1931 fueron quemados 107 edificios religiosos en toda España, en su mayoría iglesias. Más bien intento contar que las raíces de ese conflicto  pudieran estar aún presentes en la Venezuela de la Quinta República.

Un Santo que le tocó vivir esos acontecimientos en España contaba:

En aquella época a pesar del ambiente religioso, del fondo católico de mi patria, los hombres estaban bastante lejos de Dios… Las mujeres tenían de ordinario un pietismo, casi siempre sin demasiado fundamento doctrinal. A los caballeros les daba vergüenza ser piadosos, se respiraba el aire de la Enciclopedia; y duraba el empujón triste del siglo XIX”.

Se redactó una Constitución muy anticatólica en la España de 1930, donde establecía que la iglesia no debería impartir educación, se amenazó con expropiar todos los bienes a las órdenes religiosas, y la secularización de los cementerios, sin duda la intromisión del Estado en la Iglesia era absoluta.

Es increíble entender como una nación con tanta tradición cristiana le haya tocado vivir esos acontecimientos.  La razón la daba el Santo: El pueblo estaba lejos de Dios y falta de formación doctrinal.

Quiero recoger este mensaje para resaltar la importancia de los ciudadanos en conocer los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Entender qué significa el bien común, la subsidiariedad, la solidaridad y el destino universal de los bienes.

En estos momentos que vive Venezuela no se puede estar ni ser indiferentes a temas como la propiedad privada o los límites de la obediencia a las autoridades civiles que desvían su camino.

No son suficientes las grandes manifestaciones populares de fe para evitar caer en Estados Totalitarios. Como decía el Papa Leon XIII: “No se puede ser buen cristiano y socialista a la vez.”

Entendamos que tener formación doctrinal y estar cerca de Dios hará que los abusos de la Segunda República Española no se repitan en el final de la Quinta República Venezolana.

 

ESTA NOCHE

Por Luis Ugalde

 

El Evangelio tiene luces que de golpe se encienden en la oscuridad e iluminan con elocuente claridad las situaciones de nuestras vidas, sin que la distancia de los siglos disminuya su sabiduría. Venezuela las necesita con urgencia.

“Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres”. Así empieza la parábola o cuento que inventa Jesús para enseñarnos el valor de la insistencia en la oración (Lucas 18,2).  Aquí tenemos, no solo un juez, sino todo un ejército servil dedicado a someter la justicia y la verdad a los intereses del poder. Desde el gobierno acusan al coronel-juez Aponte Aponte de delincuente y traidor a la patria. Por supuesto, él confiesa prácticas suyas y del poder a lo largo de una década que son delitos y traición a la nación, “sin temor a Dios ni a los hombres”. No tenemos razones para pensar que estas confesiones sean falsas, sino todo lo contrario, ni para creer que vayan a corregirlas quienes, acusados por él, siguen en el disfrute del poder ilimitado.

Jesús nos presenta también otra parábola de un hombre rico y poderoso que con sus graneros reventados de cosecha se siente dueño ilimitado de la vida y de los bienes. No importa la procedencia lícita o no de la cosecha, se siente poderoso y se pregunta qué voy a hacer para disfrutarlo. Se respondió (se responde) a sí mismo: “Haré lo siguiente, derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta”. (Lucas 12,16-19). Cuando se sentía así, Dios le hizo saber cuán pequeña es la distancia entre el poder y la nada: “Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado ¿para quién será?” Y concluye: “Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios” (Luc. 12,20-21). La conciencia es expulsada por la lujuria del poder y de la riqueza, pero reaparece en el umbral de la muerte o de la desgracia política: Ayer ministro o gobernador y hoy preso o sepultado; ayer empresario mimado y hoy despojado y acusado; ayer revolucionario condecorado y hoy traidor en fuga.

La parábola ayuda a ver lo criminal de la política sin ética, lo fugaz del poder y llama a actuar siempre con conciencia en defensa de la verdad y de la vida del otro. Es la única cosecha que no se pierde, ni la arrebata el enemigo.

Impresiona la lista de nuestros “revolucionarios” prepotentes que de la noche a la mañana murieron o cayeron en desgracia; están en el cementerio, en la cárcel, en el exilio y son perseguidos por sus amigos y protectores de ayer: Velásquez Alvaray, Mackled, Fernández, Carlos Escarrá, Lina Ron, Jesús Aguilarte, Danilo Anderson, Wilmer Moreno, Aponte Aponte, Tascón…

La desmesura del poder la vivimos y sufrimos todos los días. Los oímos proclamar que la revolución justifica todo y no tiene límites, ni necesita argumentos ni justificaciones, fuera de sí misma. Los vemos atropellar, interpretar y cambiar la Constitución y las leyes a conveniencia del poder y con su dedo supremo ensalzar o anular a las personas o acusarlas arbitrariamente. Pero en el momento menos pensado Dios nos dice: ¡Necio, esta noche has de morir y rendir cuentas! De poco sirve suplicar prórrogas. No somos quien para juzgar las conciencias y las intenciones de los demás, pero sí tenemos obligación de juzgar los terribles efectos que ha tenido la borrachera del poder revolucionario constituido en suprema ley de sí mismo. ¡Cuántos presos, despojados y exiliados injustos. Cuántos millones de afectados por el desgobierno, corrupción y desastres, cuya reparación tomará años!

Llegó la noche, el plazo para ver y padecer los efectos de promesas y decisiones insensatas y el fin indeseado. También la hora de reconstruir la decencia, la justicia y el poder como servicio. Pero la potencial locura del poder, con sus arbitrariedades,  atropellos  y destrucción, no es patrimonio de un sólo color político, y reconstruir a Venezuela es reconocer la noche en que estamos metidos con los terribles efectos del poder desbocado que no se detiene ante ninguna consideración moral. La reconstrucción exige una nueva primavera de la conciencia y de la responsabilidad en todos los ámbitos.

ENCUESTAS INCIERTAS

Por Luis Ugalde

Huída de Mariel

Hace ya más de 30 años (abril a octubre de 1980) Cuba vivió un dramático proceso de éxodo masivo a USA desde el puerto de Mariel. Presionado por la avalancha de 10.000 personas sobre la embajada de Perú para salir hacia el infierno capitalista, Castro otorgó el permiso. El éxodo del paraíso crecía de día en día y el régimen volvió a cerrar las puertas cuando ya 125.000 individuos habían huido en precarias embarcaciones.

En 1979, yo había participado en una reunión en Cuba y volví dos años después. Los militantes del régimen, cuando están solos y no se sienten vigilados, se permiten confidencias conmovedoras. A un funcionario que conocía desde la primera visita le pregunté cómo valoraban el éxodo de Mariel y me respondió: “Sabíamos que hay descontento en Cuba, pero nos sorprendió la enorme avalancha. Pero lo más doloroso e inesperado para nosotros fue descubrir que también se fueron muchos militantes de partido que considerábamos absolutamente leales”. En este tipo de regímenes el temor y el ocultamiento político no son una excepción, sino la regla. Y no puede ser de otra manera, pues para el régimen sólo son dignos de algún respeto los incondicionales, y de ello depende desde la cartilla de racionamiento de comida hasta el empleo y los pequeños o grandes favores.

Venezuela no es igual al régimen castrista, pero quienes mandan hacen esfuerzos para lograr que lo sea. El miedo a hablar de política con sinceridad es un hecho en la calle, en el vecindario, en los ministerios, en los puestos de trabajo, en las colas de las “misiones” y repartos… Por lo menos un tercio de los venezolanos depende de los favores que se dan a cambio de carnet, camisa roja y adhesión. La promesa y la amenaza van de la mano. No puede ser de otra manera en regímenes donde el que no es servil es traidor y se le despoja de toda dignidad y derecho… Si en Cuba o en Venezuela un encuestador pregunta si estamos con la “revolución”, la mayoría va a decir que adora el proceso y a su líder. Más si se anotó en una lista para recibir vivienda, contrato, jubilación,  beca, una “misión” para su mamá o empleo para su hijo… La encuesta tiene su valor en temás más neutrales, donde no es delito opinar.

Desconcertados y alarmados por las primarias opositoras de febrero, los dirigentes de la “revolución” se sintieron como ante la huída de Mariel: hay que frenar el éxodo. La estrategia es echar rápidamente jarros de agua fría a las esperanzas de cambio democrático y para ello concentrar la artillería gubernamental: el candidato opositor no sirve; sus palabras son falsas y su conducta de delincuente, como sus golpistas jefes burgueses e imperialistas; la oposición está dividida, en las encuestas  está a 23 puntos irremontables; y la revolución es eterna y también su presidente. ¡Dime de qué presumes y te diré lo que te falta! Las encuestas en el mes de postprimarias son usadas para enfriar el entusiasmo y la esperanza de la oposición, y de aquí a octubre hay que meter miedo a quienes dicen que no van a votar por la “revolución”.

En este tipo de régimen las encuestas son inciertas y la estrategia de los demócratas no puede descansar en ellas, sino en el trabajo y propuestas para superar el desastre presente (y el pasado), dándose la mano las legítimas esperanzas y aspiraciones de la gente y el candidato; con credibilidad, esperanza, propuestas inteligibles y tangibles. Por otra parte, estos regímenes “revolucionarios” no creen en mecanismos “democráticoburgueses” y solo obligados los respetan. Por eso hay que urgir la transparencia del Registro Electoral, los testigos de mesa hasta en el último rincón y la última hora del 7 de octubre, y la movilización social y multitudinaria previa, que demuestre la disposición a defender democráticamente los resultados y el alto costo de violarlos.

No hay que ignorar las encuestas, ni poner la confianza en ellas, sino hacer el trabajo propio con convicción, decisión y acierto. En el reino de la mentira y del miedo todo es incierto, excepto el desastre socioeconómico y político reinante. La grave enfermedad presidencial viene a aumentar la incertidumbre. Las esperanzas sociales y la libertad dependen de la activación de millones de demócratas, decididos a defender la democracia e impedir el cierre a la cubana de las puertas del “paraíso”.

 

DE PILATOS A JESÚS

Por Luis Ugalde

En la Semana Santa hay dos lavatorios que nos impresionan desde niños: Pilatos se lava las manos y Jesús lava los pies a los discípulos. Aquel no quiere poner en riesgo su poder por salir en defensa de un pobre inocente, se lava las manos y lo entrega. En la liturgia del Jueves Santo impresiona ver a Jesús arrodillado lavando los pies a sus discípulos, incluso a Judas. El Señor no los trata como siervos sino como amigos y les dice que serán felices si hacen lo mismo unos con otros (Juan 13,17). Pedro se resiste, pues no entiende que el Señor hace lo que le corresponde al sirviente. Todo un símbolo de una humanidad nueva donde el poder es para servir y no para oprimir. Lavar los pies significa reconocer la dignidad del otro y proclamar que servir no es rebajarse, sino ejercer la propia dignidad: que el mayor entre ustedes sea el que más sirve.

Jesús expresamente relacionó el rescate de la dignidad humana y la paz con el amor y el servicio mutuo. También la humanización de la riqueza y del poder pasa por convertirlos en servicio y vida. Ese es el sentido del “Hijo del Hombre” y el sueño de la humanidad, en sus versiones religiosas y también en las seculares que proponen el horizonte de “libertad, igualdad y fraternidad”, con economía y poder al servicio de la vida.

En Venezuela estamos enredados en un campo minado de odio, exclusión, ineptitud y deseos de revancha, de todo lo que impide un verdadero renacer humano compartido. Si los otros solo cuentan como instrumentos para el poder, no es posible construir la República. En el más reciente documento de la Conferencia Episcopal (19-03-12), los obispos  rememoran el terrible terremoto de 1812 con unas oportunas reflexiones sobre la ruina de la Primera República que se derrumbó ese año, luego de una efímera vida de 10 meses. No pudo tener éxito -dicen-, pues cada sector social iba a lo suyo: “La libertad e igualdad, proclamada desde 1810, fue, en los hechos selectiva y excluyente de las mayorías, conformadas por los pardos, mestizos, indios y negros” (n.5). La República era un proyecto histórico que las mayorías no lo sentían propio y cada provincia miraba a lo suyo, dispuesta a enfrentarse a las otras. “La exclusión y el odio se incubaron en mentes y corazones, y fueron el detestable combustible  de la violencia que se desató, trayendo desolación y muerte en todo el territorio”. Eso produjo la derrota de la Primera República en 1812. Mucho peor fue la ruina de la Segunda República ahogada en sangre de venezolanos en 1814, la más espantoso de nuestra historia.

La actitud espiritual hacia el otro tiene raíces interiores, que florecen en la plaza pública y alimentan para bien o para mal la vida económica y política. De ahí que frente a las amenazas y las esperanza que preñan el año 2012, los obispos nos llamen a la reconciliación como actitud  espiritual: “Reconciliarnos va más allá del buen trato; lleva en sí un cambio de mentalidad y paradigma, donde el centro de nuestra dedicación esté en el otro, en el ser que tiene igual dignidad, pero que vive en medio de elementos contradictorios para una vida plena. Trabajar por construir la unidad entre los venezolanos no es tarea fácil. El progreso y el bienestar de este país sólo podrán lograrse con la participación de todos los ciudadanos. Ante las dificultades, por grandes que sean, no debemos desesperar, ni como personas, ni como creyentes”. Concluyen: “Construyamos un futuro de entendimiento y de paz, el único camino que nos puede ofrecer la alegría de vivir juntos como hermanos”.

 La Semana Santa nos invita a no condenar al Justo lavándonos las manos y a servir a los demás lavándoles los pies. Nos invita a pasar de Pilatos a Jesús. No a la violencia y al desastre cotidiano donde millones viven muriendo de mengua. Ahí está la responsabilidad de construir el futuro social, político y económico de Venezuela. Ese es el Espíritu del Dios-amor que da vida frente a tanta muerte desatada que aflige a nuestro país en contraste con tanto poder usado para dominar y oprimir, y no para servir y dar vida. Jesús no es líder político, pero encarna el Amor de Dios y revela la dignidad humana de dar la propia vida –día a día- en  el servicio a los demás, y también en la política.

 

Héroes Cubanos en Venezuela

Por Antero Alvarado

Ante la primera y quizás única venida de Benedicto XVI a Cuba, Monseñor Becciu, afirmaba desde el Vaticano que los sacerdotes Cubanos son héroes. Esta frase de inmediato me hizo recordar a Monseñor José Manuel Couce, quien fuera por 27 años párroco de Buena Vista, último pueblo asfaltado antes de seguir rumbo a El Palenque (Asentamiento Campesino, donde mis ancestros vivieron).

 Al instaurarse el régimen comunista en Cuba, Mons. Couce fue expulsado en 1961 junto a otros 131 sacerdotes, entre ellos el Obispo Auxiliar de la Habana. Son obligados a abordar un barco que se llamaba Covadonga rumbo a España. Todos estos sacerdotes incluyendo varios religiosos saldrían de Cuba forzados para no volver nunca más.

  La Idea del régimen era recudir a 200 los 700 sacerdotes que había en ese entonces en la isla. Fidel Castro y su régimen quizo desaparecer la religión de Cuba. Y es que cabe recordar palabras de Marx en 1844, ”Die Religion … Sie ist das Opium des Volkes” la Religión es el opio del Pueblo.

 Muchos de esos sacerdotes exiliados en España viajarían a Venezuela. Entre ellos el Obispo Auxiliar Mons. Eduardo Boza, quien viviría en Los Teques, Edo. Miranda hasta su muerte en el 2003. Este Obispo fundaría en Venezuela en 1969 Asociación de Sacerdotes Cubanos de la Diáspora.

 El destino de Monseñor Cource fue un perdido pueblo de los andes larenses, Buena Vista. Ahí llegó en 1978 donde ejerció su ministerio hasta su muerte en 2002. Pasaría mucho tiempo en darme cuenta de quién era este particular sacerdote vestido siempre de una sotana gris, lamentablemente lo supe después de su muerte. Era un sacerdote de carácter muy  fuerte y es que la vida le habría dado muchos martillazos, como el artista que golpea el mármol para de ahí sacer una obra de arte.

 Recuerdo una vez que mi papá tuvo una discusión con él ya que Mons.se negaba a casar a una sobrina en su parroquia. El sacerdote argumentaba que tenía que casarse en Barquisimeto, donde ella vivía y no en Buena Vista que era una zona rural.

Luego de una acalorada discusión  mi papá le dijo para provocarlo (muy contrariado para no decir otra palabra). “Usted es Castrista, amigo de Fidel Castro!”.

 El sacerdote muy mayor, se puso muy bravo, tanto que empezó a perseguir a mi papá, sin poder alcanzarlo. Pasaron los meses y mi papá, subiendo a la finca se quedó accidentado en medio del camino bajo un sol abrazador.  Ningún carro pasaba para auxiliarlo. Para sorpresa de mi papá el único carro que subió en ese momento fue un Nissan azul de 1969 que usaba el Padre Couce. Sin decir una palabra se detiene el sacerdote y con el pulgar le hace seña que se siente atras y mi papa con toda la vergüenza y su orgullo herido, se monta por la puerta trasera del 4×4. En el trayecto que duró unos 20 minutos no se hablaron. El sacerdote se detuvo en la capilla donde celebraría la misa y mi papa siguio a pie hasta la casa.  Nunca el sacerdote le tuvo rencor por ese episodio.

 El Padre Couce siempre quiso volver a Cuba antes de morir, con frecuencia recordaba la despedida de su mamá. La providencia quiso que el encuentro con su familia fuese en el cielo y no en esta tierra.

Esta memoria la hago para aquellos que ignoramos las persecuciones que ha sufrido la iglesia cubana. Pensar de que el viaje del Papa a la isla es puro protocolo y efecto mediático es desconocer  los padecimientos de muchos. Esperemos que Venezuela tome lección de lo ocurrido en Cuba y que no tengamos que vivir la historia de muchos sacerdotes cubanos que murieron sin volver a su patria.

 Siempre he pensado que el Padre Couce cantaría al morir el poema de Jose Marti “Guantamera”

YO QUIERO CUANDO ME MUERA
SIN PATRIA PERO SIN AMO

TENER EN MI TUMBA UN RAMO
DE FLORES Y UNA BANDERA, CUBANA

 

EDUCACIÓN PARA TRANSFORMAR

Por Luis Ugalde

Hay enfermedades que alarman al primer síntoma. Otras avanzan sigilosamente y solo se les presta atención cuando ya no hay remedio; de  este último tipo es la educación de mala calidad que va minando la sociedad, hasta que a mediano plazo aparece la tragedia irremediable. Hoy la gente parece medio conforme con la educación y las encuestas se centran en otros malestares. Al no medirnos con la buena educación de países exitosos, aumenta la inconsciencia.

Un grupo de venezolanos convencidos de que tenemos una extraordinaria oportunidad para convertir nuestra educación en la gran palanca de transformación del país, con reuniones sistemáticas mes a mes a lo largo de un año, estudiamos los nudos claves para hacer propuestas audaces y realistas con el objetivo de convertirlas en hechos en una década, tomando ejemplo de los países más exitosos. Se trata de tomar en serio lo que está en la Constitución de 1999: “Toda persona tiene derecho a una educación integral de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades… (es obligatoria) desde el maternal al nivel medio diversificado” y el Estado debe garantizar el financiamiento educativo en todos los niveles preuniversitarios (art.103). Se trata de  tomar en serio el derecho y el deber  de ofrecer una educación de calidad para todos durante, al menos, los doce primeros años de escolaridad: ¡Todo un cambio radical!

Entendemos que todos los venezolanos estamos de acuerdo con este mandato constitucional, pero es evidente que la realidad contradice el logro de este objetivo y no hay señales de que la situación se esté superando. En consecuencia, necesitamos crear una nueva conciencia nacional educativa para dar un salto que cambie las inercias del pasado y la realidad, encaminándonos a una educación de calidad.

En el grupo de trabajo donde participamos hay gente competente que ha dedicado toda su vida a la educación nacional -privada y oficial-, investigadores, docentes, actores significativos como rectores y directores en diversos niveles, un ex ministro y algunos empresarios.

Empezamos nuestro trabajo identificando una decena de puntos claves y, sin quedarnos en el diagnóstico y la lamentación, pasamos a elaborar las propuestas con base en la siguiente metodología: escogíamos a uno de nosotros por sus conocimientos en determinado tema específico, quien debía escribir unas 15 páginas con sus propuestas. Otro para que redactara unas 5 páginas de comentarios sobre ese texto, y luego todos (unas 20 personas en cada sesión) discutíamos sobre el tema y el escrito. Finalmente, el autor inicial recogía las observaciones, correcciones y sugerencias y volvía a redactar el informe que después se transformaría en un capítulo de este libro que recogería nuestras ideas. Nos llamaron la atención las discusiones por la libertad, apertura y creatividad de un grupo tan variado. Así surgieron los 10 capítulos del libro EDUCACIÓN PARA TRANSFORMAR EL PAÍS y una SÍNTESIS  final formulada en Siete Perspectivas y Siete Propuestas. El libro y la síntesis, como separata, han sido presentados en estos días en varios ámbitos a nombre de la treintena de autores, quienes trabajaron bajo mi coordinación, en  el FORO-CERPE que los aglutina.

No queremos quedarnos en un libro, sino activar una conciencia nacional movilizada para el logro de una educación de calidad para todos; empezando por los más pobres, entre los cuales se pierden millones de talentos castigados por la baja calidad de su educación y la escasa prosecución escolar que los condena a luchar en condiciones de inferioridad. Debemos insistir en que no nos interesa cualquier educación, sino aquella que despierte y desarrolle las potencialidades y valores personales, eleve la condición ciudadana democrática y nos vincule al hecho productivo con una capacitación y eficiencia que permita salir victorioso en un mundo tan globalizado. Es cierto, que se puede aliviar la pobreza con limosnas, pero el único modo de derrotarla es transformando el ingreso petrolero en educación de calidad para cada venezolano.

El FORO-CERPE no debe entenderse como un grupo cerrado de treinta personas, sino como un espacio abierto a la discusión orientada a la acción y a los acuerdos eficaces. A él puede pertenecer todo aquél que  comparta nuestros objetivos, independientemente del carácter de sus ideas.

¡Fortalezcamos la Familia!

Por José Rafael Suárez

En la familia se cultiva la confianza, condición necesaria para hacer sana cualquier relación social

 

Estaba caminando por la Cota Mil (en Caracas), un domingo muy temprano, con la intención de hacer algo de ejercicio físico. En un momento determinado una muchacha, de unos 16 o 17 años, montada en una patineta, me dio alcance y me llamó: -“Señor, se le cayó esto al suelo”. Con una sonrisa, me estaba entregando un billete de Bs F 50 que, en efecto, se me había caído del koala con el movi­miento unos cien metros detrás. Me quedé muy asombrado, le di las gracias varias veces y pensé: “esta muchacha… tiene familia”.

Si preguntáramos a cualquiera si al contratar una persona para trabajar en su empresa, la preferiría honesta o deshonesta, ¿Qué respondería?… Y si fueras a escoger esposa, ¿la buscarías sincera o mentirosa? Y si quisieras asociarte con un colega, tendrías preferencia por uno que fuera leal, o te embarcarías con uno desleal? Y si te propusieras buscar un orientador para tu vida, te buscarías uno prudente, u optarías por otro marcadamente imprudente?. Podríamos hacer una lista larga de preguntas de este tipo.

Son obvias las respuestas a éstas. Preferimos buscar personas que tengan virtudes y valores. Al relacionarnos, nos gusta ha­cerlo con los que tengan al menos una virtud y algún valor que les haga destacar en algo. Y a la hora de compartir nuestro ser personal, trata­mos de buscar a alguien que consideramos que es digno de ello, siendo esa dignidad función de las virtudes y valores que descubramos en ese otra persona. Esto es así porque los valores hacen que el ser humano sea “gente”, mejor persona. Las virtudes perfeccionan al ser.

Tanto los valores como las virtudes no vienen con nosotros al nacer, sino que son adquiridos a lo lar­go de la vida; muy especialmente, en los primeros 18 o 20 años. ¿Y, dónde se adquieren? Principal­mente es la familia el lugar donde se adquieren estos valores y virtudes. Sólo te puede transmitir de manera eficaz esos valores alguien que quiere tu bien. Normalmente, son los padres las personas que más quieren el bien de un hijo. ¡Qué bueno es para los hijos crecer en un ambiente familiar! donde hay un papá y una mamá que los quieren y se quieren entre sí.

Normalmente, es el amor la razón que está detrás de un intento por fomentar un valor o una virtud en una persona. De allí que la familia es imprescindible para lograr personas la vida humana. La pobreza se agudiza cuando fallan las políticas públicas producto de un ma­nejo corrupto de los fondos públicos. La justicia deja de funcionar cuando no hay personas que la defiendan, ni que la administren rectamente. En esas malas personas no se logró el objetivo familiar de fomento de virtudes y valores. Cier­tamente, la persona es libre y, por tanto, respon­sable del bien o del mal que haga. Sin embargo, muchas veces es la familia la que ha fallado y en muchas ocasiones es que la familia, sencillamen­te, no existe.

Por tanto, si queremos una sociedad mejor y un país que progrese, hemos de buscar, como socie­dad, fortalecer la familia, respetar su autonomía, favorecer su constitución, secundar sus esfuerzos por mantenerse, por educar a los hijos, por con­seguir sus objetivos con dignidad. La sola riqueza económica, si no viene acompañada de virtud, no nos va a llevar por el camino de la realización per­sonal ni colectiva, como país. Nos conviene fortalecer la familia, de eso tengo absoluta certeza. Comencemos por la propia.

FUNDAMENTALISMOS CONTRA LA SOLIDARIDAD

Por Luis Ugalde

Necesitamos solidaridad para elegir el mejor camino ante la encrucijada

Europa lucía exitosa luego de derrotar los totalitarismos (nazismo y comunismo) y lograr una sociedad segura, democrática y con bienestar compartido solidariamente. Parecía que en adelante sólo podía haber avances. Ahora hay naufragio y exigen tirar por la borda el bienestar para que el barco se salve, mientras los fantasmas del desempleo y endeudamiento toman cuerpo en millones de familias. Se creía que la economía era para la sociedad y no ésta para la economía, pero las megacorporaciones financieras dicen, sin decirlo, que primero es la prosperidad de ellas, y exigen la entrega del poder político y el bienestar social, con la promesa incierta de un bienestar futuro. Lógicamente, hay indignados y protestatarios, al igual que  políticos y sindicalistas que no quisieran rendirse.

Europa, que se creía unida y solidaria, ahora aparece como una yuxtaposición y suma de egoísmos: la cultura que respiran esas sociedades es individualista, hedonista y utilitaria, pues  mientras nacionalmente se construían instituciones solidarias y contributivas (40 % de los ingresos para presupuestos solidarios) se alimentaban corazones individualistas, que desmantelaban en los individuos el sentido de una antropología y espiritualidad solidarias necesarias para producir el bien común.

Con la crisis se desatan otros demonios como el miedo, la inseguridad, la xenofobia y el autoritarismo, como revela  el crecido apoyo  a Marine Le Pen y el Frente Nacional en Francia. En crisis y sin solidaridad, se levantan las barricadas entre sectores sociales, entre los nacionales y los emigrantes  y estos se encierran en sus guetos físicos y espirituales. Crece el malestar entre  impuestos y recortes para salvar las mega-corporaciones financieras con la promesa de que mañana los más exitosos podrán beber en su mercado.

El fundamentalismo ultraliberal pide libertad económica sin límite, que en definitiva es poder sin límite y negación del bien común visto como enemigo del éxito individual. Los gérmenes fundamentalistas siempre están ahí y se nutren de verdades parciales; se desatan cuando lo parcial se absolutiza, y asesinan cuando se sienten con poder para dividir la raza humana entre ellos,  únicos poseedores de la verdad, frente a enemigos infrahumanos, los “otros”. Ahí  termina la posibilidad de ser “nosotros” con el “otro”, se dinamitan las bases de la democracia y vienen el fascismo o el estalinismo. Por eso en USA el Tea  Party confunde un programa solidario de salud con el plan quinquenal de Stalin, ve en Obama un peligroso musulmán y comunista y en las decenas de miles de inmigrantes una amenaza contra  la superioridad de la moral anglosajona.

Se quiera o no, la política solidaria requiere antropología, espiritualidad y conciencia. El individualismo no permite descubrir que  en las civilizaciones no hay “yo” sin “nosotros” y que la realización de los otros es necesaria para el éxito personal y viceversa. En siglos pasados se impuso la ideología  de que unos nacen para servir a la realización de otros,  como pedestales anónimos de héroes encumbrados. Hoy las megacorporaciones exigen sacrificios sociales y todo el poder estatal para sus finanzas, cuando en verdad los impuestos y las instituciones solidarias del Estado sólo son aceptables si sirven para el bien común de todos y éste para la realización de cada uno. Tras los  fundamentalismos – el ultraliberal y el colectivista-, hay dos graves errores antropológicos y espirituales, pues el individuo es, al mismo tiempo egoísta y solidario. Con esos dos hilos hay que tejer la sociedad. El “yo” que se realiza en “nosotros” no acepta su  anulación en el Estado, ni en el poder económico ilimitado de entes financieros. Las libertades solidarias son conciencias que se afirman mutuamente.

En Venezuela estamos en una encrucijada grave: cómo sumar y multiplicar fuerzas para la prosperidad del conjunto, cómo combinar los distintos factores y sectores para producir y distribuir solidariamente, y cómo crear instituciones palancas que lleven al encuentro de libertades solidarias. Libertad solidaria no determinada por una ley física, sino lograda por conciencia, voluntad e instituciones, de manera que cuanto más “nosotros” haya más “yo” y viceversa.

Hacer familia: un reto en el que nos jugamos la vida

Por María Carolina González

En una de sus tiras cómicas, aparece Mafalda leyendo que “la familia es la célula fundamental de la sociedad”. De inmediato se detiene, sorprendida, y se queja diciendo que la suya “¡no tiene la culpa de nada!”

Ciertamente, con frecuencia nos parece que hay poca o ninguna relación entre la actividad doméstica –tan llena de menudencias y cuyo escenario es generalmente minúsculo y desapercibido– con las grandes crisis o los notorios avances de las empresas, las instituciones, la cultura, las telecomunicaciones…y un largo etcétera.

Nada más lejos de la verdad. Y es que, a poco que se piense en ello, debemos admitir que tales logros o equívocos son de la persona y que ésta se forma, se propone ideales, entiende valores, aprecia a los demás…o no, en el seno de una familia. De allí que, con el acierto que caracteriza a sus palabras, Juan Pablo II afirmara que «tal (como) sea la familia, tal será la sociedad porque tal será el hombre».

La formación de una familia en los tiempos que corren constituye un verdadero reto, hecho sólo para aquellos que –a diferencia de los “peces muertos”– tienen la fuerza de nadar contracorriente. No es fácil. Exige mucho sacrificio y la capacidad de asumir la responsabilidad de la vida de otro(s).

Ahora bien, el paso del tiempo ha demostrado que ningún otro ambiente es tan ideal para la «personalización del hombre y de la mujer» como el ámbito familiar. Sólo en ella puede el individuo aproximarse con naturalidad y claridad a comprender lo que es la libertad, la justicia, la honestidad verdadera; el respeto por el otro y por lo que le es propio; el valor que tiene procurar lo bueno…

Las crisis actuales, antes que económicas o políticas o culturales, son crisis personales. Hemos olvidado ser  “personas practicantes”. Necesitamos recuperar la coherencia con nuestra propia condición humana y sólo la familia, la familia ordenada y conscientemente formada por la verdadera voluntad de contribuir a la mejora del otro, tiene las herramientas para eso.  Vale la pena apostar por ella.