DOCTRINA EN MOVIMIENTO

DOCTRINA EN MOVIMIENTO

Por Mons. Ovidio Pérez Morales

Una característica fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es su dinamismo. Este término envuelve múltiples aspectos tales como historicidad, desarrollo progresivo y dialógico, apertura cultural y flexibilidad. Estas notas se patentizan en la cambiante autocomprensión misma de la DSI, desde su nacimiento formal con la encíclica del Papa León XIII Rerum Novarum (1891) hasta sus últimas formulaciones, particularmente en los documentos sociales de Benedicto XVI.

Hay, por supuesto, elementos que aparecen de modo fundamental y permanente en la DSI, tales como su apelación general a la Escritura y a la primigenia enseñanza de los Padres de la Iglesia, así como la explicitación de su inspiración básica en el mandamiento evangélico del amor con respecto al debido comportamiento social de los cristianos.

Ahora bien, la DSI no se autodefine actualmente como un cuerpo doctrinal cerrado, que en la Iglesia se produce y desde allí se ofrece a la sociedad para el bien-ser y perfeccionamiento de ésta. Tampoco se presenta como un modelo específico de cambio económico-político-cultural frente a otros, en vistas a la construcción de un nuevo tipo de convivencia.

La DSI se ofrece, de una parte, como un producto compartido, y, de la otra, como un conjunto de principios, orientaciones y normas aplicable en modelos variables.

Para ilustrar lo primero, lo de un producto compartido, baste pensar en lo que significa lo que actualmente la DSI pone sobre el tapete en materia de Derechos Humanos. Aquí se muestran las consecuencias de un mutuo aprendizaje de Iglesia-sociedad, que no ha tenido un itinerario sereno constante. “Madre y Maestra”, la Iglesia ha también recibido enseñanzas a través de su recorrido histórico (dramático) concreto.

 Hoy en día se percibe fácilmente el entronque bíblico de la tabla de esos Derechos, al igual que el necesario y obligante desarrollo de los mismos a partir del Evangelio. No fue lo que siempre ocurrió; y llegó a suceder también que no pocos en perspectiva antieclesiástica y aún antirreligiosa defendían valores de robusta substancia cristiana. Dialogar no es siempre fácil. Ello constituye, sin duda alguna, una advertencia para el presente hacia el futuro.

En cuanto a lo de modelos, la DSI no propone, en estricto sentido, otra vía ni una vía media, a manera de un proyecto ideológico-sociopolítico determinado. Ofrece sí, un conjunto doctrinal-operativo, que los agentes sociales pueden hacer fraguar en variedad de proyectos, si bien, en un momento histórico preciso esa diversidad exija concentrarse.

La Iglesia propone esta Doctrina no sólo a sus miembros sino, en máxima apertura, a toda la sociedad. Argumenta, en efecto, desde elementos racionales propicios para un diálogo amplio, aunque esa Doctrina se ofrece enriquecida con la luz que viene del Evangelio y lo mejor de la experiencia histórica cristiana y eclesial. Y para la Iglesia la reflexión y práctica en este campo no resulta algo optativo sino un deber en la línea de su misión.

Muchas consecuencias se derivan de lo anteriormente dicho. Quisiera ahora, con todo, subrayar una sola y es la obligación que al laico católico se le plantea con respecto a la DSI. Él tiene como tarea propia y específica contribuir a la edificación de una nueva sociedad, de una convivencia social deseable y siempre perfectible, con los valores del Evangelio. Con miras a tal fin, debe conocer, difundir, profundizar, poner en práctica la DSI, colaborando al mismo tiempo para el progresivo desarrollo de la misma. En este trabajo el laico católico no se considera recluido en una soledad “confesional”, sino en dinámica interacción con todos los hombres y mujeres de buena voluntad –como se suele decir- para una mayor y mejor humanización de la sociedad.

Tiempos como los que vivimos, de transformaciones profundas y englobantes del entramado social, son particularmente propicios y exigentes respecto del aprovechamiento e incremento del enorme potencial de la DSI para abrir esperanzadores horizontes hacia un nuevo humanismo.

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