Ser patriota en el siglo XXI

Por Isabela Iturriza Soulés, Venezuela

 

La patria no es sólo un territorio, es principalmente la comunidad que lo habita

Sería inmaduro no aceptar que la crisis sociopolítica que atraviesa  Venezuela está fortalecida por la impunidad que ampara un gobernante que sólo ha visto en su pueblo las diferencias que los separan y ha sido incapaz de crear comunidad. Y, sería igualmente inmaduro no ver que quienes se han ido del país tienen sobradas razones para hacerlo pues claramente vivir en Venezuela es una labor ardua.

El patriotismo de un venezolano en estos tiempos no tiene nada que ver con un enamoramiento ciego por las riquezas naturales de la nación, por la calidez de la gente. Una crisis como la que vive Venezuela no la aguanta un enamoramiento adolescente, Venezuela, como cualquier país en crisis,  reclama un amor clarividente.

El patriotismo que pide Venezuela es más cercano a la compasión que al orgullo de patria. Ante las dificultades que vivimos, la propaganda con bombos y platillos sobre el país parece ingenua, lo que mueve al amor de patria es la voluntad de sufrir con otros y, ante el compromiso de acompañar en la dificultad, no hay huída posible. Y este patriotismo también es muy lejano al nacionalismo porque el amor no se impone, surge desde la raíz, es puro enraizamiento cultivado por virtudes cívicas como el compromiso, la responsabilidad, la solidaridad, la institucionalidad, el sacrificio, el respeto incondicional al otro.

Estas ideas suenan del siglo pasado pues hoy lo que impera es el desarraigo del hombre que quiere ser “ciudadano del mundo” y no acepta el compromiso con alguna comunidad específica. O peor, cualquier compromiso le parece que atenta contra su libertad. Vela por su libertad busca su calidad de vida. La compasión no tiene prestigio en esa escala de valores y si la tiene, no es compasión por el otro sino autocompasión.

Lo que critico no es que las personas busquen el éxito más allá de las fronteras de su país sino la actitud de desarraigo que se empeña en desprestigiar la patria para justificar decisiones de distanciamiento. Desde esta postura se ve la patria como un simple territorio donde pasan cosas y no como la comunidad de seres humanos que la habitan y por quienes también vale mucho la pena trabajar.

Hoy queremos saber todas las respuestas respecto a lo que ocurrirá en Venezuela y no se puede. Es necesario que las personas, no sólo cristianas, sino todas las buenas, de conciencia recta que se han replegado al ámbito de lo privado asuman el compromiso con lo público. Quien, desde esta perspectiva, vive el patriotismo, ama a los más próximos pero su servicio se extiende a todos y ante la incertidumbre, vive la esperanza y confía.

Hay que advertir que no se debe usar el patriotismo como propaganda política, no es patriota el de un partido y no el de otro, no es patriota el que apoya el gobernante y traidor el que no. No hay que perder de vista que el gobernante debe ser un patriota y no es él mismo la patria, que es él el principal servidor y mientras sirva a la patria se le debe obediencia no cuando gobierna para sí.

Para que los ciudadanos de un país estén dispuestos a comprometerse unos con otros para mejorar su pedacito de tierra se debe promover la virtud cívica. Los países, que son su gente y no símbolos de grandeza, lo que reclaman es amor clarividente, el que ve lo bueno pero también lo malo, el tipo de amor que se entrega  y que recuerda al patriota la dicha de tener una casa que lo llama.